GUERRA DE MALVINAS

"Cuando los soldados llegamos de Malvinas nos faltó un abrazo"

La frase es de Horacio Hagg, veterano de la guerra de Malvinas, vecino de Villa La Angostura. En una nota cuenta cómo, con el paso del tiempo, comenzaron a sentirse, por fin, reconocidos.
IZQ. Horaccio Hagg en uno de los actos oficiales en homenaje los caídos en Malvinas en Villa La Angostura
01/04/2019
 

Horacio Hagg se emociona. Lo hace cada vez que ve una bandera argentina, escucha el Himno o habla de la Guerra de Malvinas. Cualquiera diría que es un sentimiento razonable para alguien que ya tiene 57 años. Después de todo, siempre se dice que a medida que pasan los años las personas se vuelven más sensibles.

Pero lo de Horacio es distinto porque él fue un protagonista en el intento de recuperación de las islas. Desde el día que pisó aquel suelo remoto su vida tuvo un punto de inflexión. Tenía 20 años y, a pesar de su juventud, ya estaba encaminado en un proyecto de vida. Se había casado recientemente con Adriana y por este motivo le habían dado una prórroga para cumplir el servicio en la Policía Militar 181 de Bahía Blanca, destino donde le tocaba hacer la colimba. Pero las prórrogas en el Ejército duran poco. Y si hay una guerra, mucho menos.

El mismo día que se anunció la recuperación de Malvinas, Horacio fue anoticiado de que tenía que presentarse para viajar a las islas. El 3 de abril preparó sus pertenencias para el traslado y el 4 a las 11 de la mañana partió para el sur junto con sus compañeros y jefes militares en un Hércules que despegó desde la base de Bahía Blanca.

 

 

No hubo mucho tiempo para las despedidas, pero recibió el beso de su suegra y de su esposa, con la lógica preocupación y congoja que había despertado aquella noticia. Cuenta que su suegra le pidió que no fuera, que ella tenía contactos e influencias como para salvarlo de aquel trámite que parecía inevitable, pero Horacio le dijo que no. Él quería ir para “cumplir con la patria”, por más temores que afloraran en un conflicto bélico, aunque nadie hablaba de guerra todavía. Solo se había anunciado la recuperación de aquellas islas.

Todo en las islas se convirtió en un infierno y desde el primer día que comenzó formalmente la guerra los bombardeos no pararon un minuto.

El mismo día que llegó el avión a las Malvinas, Horacio quedó maravillado con aquellas imágenes tan pintorescas. Un mar bravo rodeando dos cayos irregulares, el aire frío y húmedo que llegaba del Atlántico, las casas de los isleños con esa arquitectura tan particular. Era la composición de un paisaje bucólico tan hermoso que hasta en un momento pensó si ese lugar no era el indicado para formar una familia.

“Si tengo que rescatar algo positivo, es la camaradería que logramos con todos los compañeros que fuimos a las Malvinas a combatir y a defender lo que era nuestro”. “Fuimos soldados que fueron a cumplir con la patria. Los verdaderos héroes quedaron custodiando las islas. Cuando volvimos nos reunieron en Campo de Mayo, donde nos hicieron una especie de lavado de cerebro”.“Cuando los soldados llegamos de Malvinas nos faltó un abrazo. Eso hubiera atenuado todo el dolor que teníamos en ese entonces”, dijo Horacio Hagg, veterano que combatió en las islas Malvinas

“Nuestra misión era custodiar la casa del gobernador Mario Benjamín Menéndez y cuidar que no se generaran incidentes con los isleños”, recuerda. Y a decir verdad, el trabajo no parecía nada complicado: “En las islas se vivía una fiesta y para nosotros era una aventura”. Dice que los medios argentinos que habían ido a cubrir aquella gesta le hacían notas y que inclusive tenían la posibilidad de comunicarse con sus familiares.

Las cosas cambiaron cuando llegaron las tropas inglesas. Aquel clima de concordia que parecía tan pacífico se convirtió en un infierno y desde el primer día que comenzó formalmente la guerra los bombardeos no pararon un minuto. “Había mucha confusión; era alerta roja y a las trincheras una y otra vez”, rememora. Si bien él y sus compañeros no estaban en el ojo de los enfrentamientos, siempre temían que los alcanzara alguna de esas explosiones, mucho más cuando tenían la misión de llevar víveres a las tropas en combate. Fueron 74 días de angustia y sobresaltos. Dos meses y medio de horror, muerte e incertidumbre hasta que finalmente terminó con la rendición de las tropas argentinas.

Tiempo después, Horacio se enteraría del saldo de aquella guerra: 649 personas muertas, miles de hombres marcados para siempre y una increíble sensación de vergüenza entre los que lograron regresar. “Cuando volvimos nos reunieron en Campo de Mayo, donde nos hicieron una especie de lavado de cerebro”, asegura. Cuenta que le preguntaron todo lo que les tocó vivir y que después de escuchar los testimonios les ordenaron que del tema no tenían que hablar más, como si lo vivido en las islas no hubiese ocurrido nunca. O acaso como si la derrota hubiese significado un bochorno para una sociedad que hasta hacía poco había sido convencida de que la guerra sería ganada y de que no había lugar para los perdedores.

Y así fue. Hubo silencio e indiferencia. A Horacio le costó mucho hablar del tema, aun con sus seres queridos. Sin embargo, logró salir adelante, fundamentalmente con el apoyo de su esposa Adriana. Nunca hizo terapia. Maduró de golpe y de la manera más traumática para un pibe de 20 años, con noches de sobresaltos, recuerdos horribles y la sensación de que todo un país les había dado la espalda.

Hoy asegura que superó el trauma de la guerra, aunque reconoce que se volvió un tipo sensible. Se emociona cuando escucha el Himno, cuando ve la bandera o, simplemente, cuando alguien le pregunta por Malvinas.

74 días duró la guerra en las Islas Malvinas. El desembarco argentino se produjo el 2 de abril de 1982. La legitimidad sobre la soberanía de esas tierras fue manchada por una dictadura militar que buscó utilizar el conflicto para sostenerse en el poder. En las islas murieron 649 argentinos. La mayoría fueron identificados y unos 10 aún figuran como NN.

Fuente: lmneuquen.com.ar

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Un patrullero debe pasar al menos dos veces por día por las casas de las víctimas para verificar que esté todo bien. También hay 3 consignas policiales vigentes. Esperan que se implemente el botón antipánico y la tobillera electrónica.